martedì 13 gennaio 2009

Cursilerías lingüísticas

JAVIER MARÍAS
El país
20/03/1995

....la lengua no se cambia por decreto o porque lo desee un determinado grupo social, ni siquiera la cambia el diccionario, que se limita a registrar los términos que le parecen suficientemente instalados en el uso y habla de los ciudadanos; el habla es lo más libre que hay después del pensamiento, y es inadmisible que nadie intente coartarla o restringirla según sus gustos o su hipersensibilidad; es algo vivo y sin dueño, y con infinitas posibilidades, de las cuales cada hablante elige unas y rechaza otras, pero siempre sin tratar de imponer sus criterios o preferencias a otros. Uno puede abstenerse. de emplear tal o cual vocablo, pero no puede aspirar a que sea abolido por ello.
Por otra parte, la lengua es un instrumento útil, y como tal está lleno de convenciones que en sí mismas no presuponen necesariamente discriminación. En las lenguas romances como el castellano existen géneros, y quizá por eso pueden parecer más "sexistas" que otras en las que no los hay. No es así: el plural "los escritores" engloba también a las escritoras -es una mera convención de la lengua-, y me parece cursi la vigilancia que hoy lleva a tanta gente a decir "los escritores y las escritoras", "las niñas y los niños" (o a escribir, con fórmula bancaria y horrenda, "el lector /a"). En cuanto al uso genérico de hombre, es otra convención sin más, como lo es decir "el león vive en la selva", "el perro es el mejor amigo del hombre" o "los escoceses son tacaños". Me parecería de una mojigatería insufrible andar diciendo "el león y la leona viven en la selva", "el perro y la perra son los mejores amigo y amiga del hombre y de la mujer" o "los escoceses y las escocesas son tacaños y tacañas". También se dice "la tortuga", "la serpiente", "la foca" y "la araña" como genéricos, englobando a los machos de esas especies; se dice "el conejo" pero se dice "la liebre", y a nadie se le ocurre pensar que las liebres macho estén siendo excluidas o menospreciadas. Si se siguiera hasta el fin esta tendencia, habría que hablar siempre de "la tortuga y el tortugo", "el araflo y la araña", "la foca y el foco", una ridiculez. También llegaría el día en que los varones exigieran que se los llamara "personos" y "víctimos".
Y ese día, en efecto, todos y todas habríamos sido víctimas y víctimos de la cursilería mencionada en mi criticado paréntesis.

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Lenguaje sexista

ELIA BARCEL ó
El país de las tentaciones,24/2/1995



(....)¿Y que pasa en España? Es cuestión de pensarlo, porque en nuestro idiomas no lo tenemos fácil. No es un problema decir maestras o maestros, pero ¿vamos a seguir también con los artículos y los adjetivos?, por poner un ejemplo ¿Vamos a decir que “ todas y todos las maestras y los maestros que asistieron al debate quedaron satisfechas y satisfechos con los resultados obtenidos? Suena raro y largo y pesado. Pero refleja la realidad. Y es justo.
Si yo digo que “iremos todas juntas”, está claro que sólo vamos mujeres. En cuanto hay un varón, aunque tenga dos días de vida, es uso exige que digamos “todos juntos”. No vamos a entrar en la historia de la lengua ni en otro tipo de razonamiento lingüísticos que justifican el que se haya llegado a esa situación, pero el que algo haya sido “consagrado por el uso” no lo convierte en sagrado e intocable. Si cambia la mentalidad, ¿por qué no va a cambiar la lengua? Si tres varones adultos se sentirían ridículos diciendo “todas juntas” porque llevan una niña de viaje, ¿por qué las mujeres tenemos que aceptar el “todos juntos”? (....)
Somos ya muchas las lectoras de libros y periódicos como para seguir escondidas entre los lectores y cada vez hay más escritoras que acuden a congresos de escritores aunque las mujeres estén en mayoría. Hay muchos hombres que también se interesan por el tema y estarían dispuestos a cambiar el uso lingüístico iguial que lo estuvieron a cambiar los pañales de sus hijas e hijos bajo la sonrisa despectiva del padre o el abuelo. No es una lucha, ni una cuestión de defender derechos. Es simplemente que habría que adecuar la lengua a la vida y las mujeres, hoy en día, están en todas partes.

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La 'cancillera' y el 'azafato'

CHARO NOGUEIRA
El País 30/11/2006

¿Por qué no llamar cancillera a Angela Merkel? "Hace 15 años también sonaba raro decir ministra o presidenta, y ahora ya no choca". Es cuestión de ponerse a ello, de llamar a las cosas por su nombre y también por su sexo, defienden las filólogas Mercedes Bengoechea y Eulalia Lledó.
"Siempre se va en la misma línea, resistirse a feminizar una profesión cuando es prestigiosa"
Las dos expertas presentaron ayer en la sede madrileña del Instituto de la Mujer sus últimos trabajos en contra del lenguaje sexista: una base de datos con alternativas para evitarlo, nombra.en.red, y un libro, Las Profesiones de la A a la Z, con términos en femenino y en masculino. Incluyen propuestas como sustituir el genérico alumnos por alumnado (o alumnas y alumnos / alumnos y alumnas) y emplear los términos bedela o azafato.
"La lengua es mucho más flexible de lo que la Real Academia Española deja ver. En el Diccionario Panhispánico de Dudas se opone a que se use la doble forma del plural para evitar términos como las niñas y los niños. Pero, si se usa el plural masculino, las niñas son invisibles", plantea Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares. "Además, la gente tiene que poder elegir", añade. Y en caso de duda o en aras de la economía también se puede optar por términos neutros. De ahí que en la base de datos que ha dirigido esta filóloga figure el término infancia para quien quiera evitar un plural prolijo.
"La Real Academia Española dice que el masculino genérico tiene una función de economía lingüística. Es cierto, pero no es la única", asegura Mercedes Bengoechea. "Es el ladrillo simbólico del patriarcado", resume. La directora general del Instituto de la Mujer, Rosa Peris, comparte el planteamiento. Por eso, en la presentación de los nuevos materiales que avala su organismo, pidió a la Real Academia Española que avance "hacia el reconocimiento de fórmulas no sexistas". Añadió, de paso, que la institución que limpia, fija y da esplendor al idioma -amén de elaborar el diccionario- "debería articular medidas para incorporar a más mujeres". La entidad
responsable de la referencia máxima para el uso normativo del español tiene ahora 40 académicos y tres académicas.
"Hablar no es nunca neutro y las normas de uso defienden la subordinación de las mujeres", según Peris, defensora -y practicante- de la doble forma del plural. El instituto que dirige tiene, desde hace más de una década, la comisión Nombra para luchar contra el lenguaje sexista. A ella pertenecen Bengoechea y Lledó. Esta última ha analizado a fondo el Diccionario de la Lengua Española y denunciado, por ejemplo, que en la entrada huérfano se defina: "A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre".
"Se puede hablar de cancillera tranquilamente", asegura Lledó. El diccionario sólo admite el masculino. En su obra sobre las profesiones, esta filóloga también ha hecho el viaje inverso para incluir términos como azafato. Aunque los hombres también lleven bandejas a bordo, la Academia sólo admite el término en femenino y se refiere en exclusiva a su desempeño por mujeres.
"Siempre se va en la misma línea: resistirse a feminizar una profesión cuando es prestigiosa", añade Lledó. En cambio, sí se ha admitido alguna masculinización, "para dar más prestigio", puntualiza. Y ello incluso en una palabra candidata a invariable, como modista. La Academia admite modisto. Como quizá algún día periodisto







Comentario

Los autores de los artículos de “El País” que hablan del lenguaje sexista toman diferentes posiciones sobre el tema, Generalmente, se refieren al castellano pero un escritor en particular toma en consideración tambin las lenguas anglosajonas para destacar el hecho de que algunos idiomas pueden resultar menos sexistas que las lenguas romances, que presuponen los generos masculino y femenino.
En el artículo de Javier Marías se diferencian dos usos de la lengua: el habla y la lengua escrita. La primera es considerada como “lo más libre que hay despus del pensamiento” mientras que la lengua escrita es más rígida. El autor está convencido de que no existen lenguas sexistas y lenguas no sexistas porque lo que pasa es que la lengua actúa con convenciones y el hecho de que se utilice el género masculino para expresar algo neutro, es normal.
Del otro lado , tenemos el artículo de Elia Barceló, que está completamente en contra de que siempre se use el masculino para referirse a algo que englobe a hombres y mujeres. Ella quiere que se refleje la realidad y, por lo tanto, está de acuerdo en usar los maestros y las maestras para referirse a un grupo mixto en lugar de los maestros , aunque todo eso suena un poco pesado.
Finalmente, tomamos en consideración el artículo de Charo Nogueira, en el que se destacan las opiniones de la Real Academía Española sobre el tema. La R.A.E. dice que “el masculino genrico tiene una función de economía lingüística” pero la directora del Instituto de la mujer ha pedido a las misma R.A.E. que se introduzcan fórmulas no sexistas para que ocurra la subordinación del género femenino.
Para mí no se trata de una discriminación sexista sino de convenciones y reglas que tiene una determinada lengua, es decir que el idioma en sí mismo no subordina a un género sino es el habla que determina este leguaje sexista. Por lo tanto, no se necesita un cambio lingüístico radical, es decir que no es necesario que la R.A.E. introduzca nuevas formulas, sino se debería hacer un cambio de mentalidad en las personas.

1 commento:

Laprofe ha detto...

Tu blog sigue siendo interesante... En estos dias aparecera el wiki de Salgari. Incluye tu traducción y las de los otros estudiantes. Saludos
La profe